Dios no solo nos ve, Él nos conoce.
Nos conoce por nombre, conoce nuestras luchas, nuestras cargas y las batallas que nadie más ve.Cuando todo parece seco, cansado o sin vida, Su Palabra sigue hablando.
La Palabra de Dios tiene poder para dar vida a lo que estaba muerto, restaurar lo que estaba roto y despertar lo que había sido olvidado.